Afirmaciones estoicas
Afirmaciones estoicas para el duelo, con las palabras de los estoicos
Los estoicos no prohibieron el duelo: Séneca perdona las lágrimas que no corren en exceso, admite que nadie puede evitar el dolor ante la muerte de los más queridos y confiesa que él mismo fue vencido por la pena por su amigo Anneo Sereno. Lo que examinaron fue la parte del duelo que viene de la opinión y la costumbre, y no de la pérdida misma.
En los textos
Séneca · Letter 63, §1
We, however, may be forgiven for bursting into tears, if only our tears have not flowed to excess, and if we have checked them by our own efforts.
Séneca · Letter 63, §14
He who writes these words to you is no other than I, who wept so excessively for my dear friend Annaeus Serenus that, in spite of my wishes, I must be included among the examples of men who have been overcome by grief.
Séneca · To Marcia on Consolation, VII
Who denies it? provided it be reasonable? for we cannot help feeling a pang, and the stoutest-hearted of us are cast down not only at the death of those dearest to us, but even when they leave us on a journey.
Marco Aurelio · Meditations, IX, 40
Another thus: How shall I not lose my little son? Thou thus: How shall I not be afraid to lose him?
La carta 63 a Lucilio, en la traducción inglesa de Gummere (1917), está escrita a un hombre cuyo amigo Flaco acaba de morir. Séneca le pide que no se aflija más de lo que conviene; que no llore en absoluto, dice, apenas se atrevería a exigirlo. Las lágrimas pueden perdonarse si no corren en exceso. La carta pasa luego al recuerdo: los nombres de quienes hemos amado y perdido vuelven con una especie de aguijón, y hay un placer incluso en ese aguijón (Letter 63).
La misma carta contiene una confesión. Séneca lloró tan desmedidamente a su amigo Anneo Sereno que se cuenta entre los hombres vencidos por la pena, y da la razón: nunca había imaginado que el más joven pudiera morir primero, como si el destino respetara el orden de las edades. No saca de ello ningún consuelo, solo la indicación de pensar en la mortalidad de todos los que amamos tanto como en la propia (Memento mori).
La Consolación a Marcia, en la traducción de Aubrey Stewart (1889), se dirige a una mujer que lleva tres años de luto por su hijo. En el capítulo VII Séneca le concede la objeción, que el dolor por la pérdida de los hijos es natural, siempre que sea razonable, y añade que los más firmes se abaten incluso cuando sus seres queridos solo se van de viaje. Su distinción pasa entre lo que exige la naturaleza y lo que impone la opinión pública (Consolación a Marcia).
Marco Aurelio, en el libro IX, capítulo 40 de las Meditaciones, contrapone dos oraciones: uno pide no perder a su hijo pequeño, el otro pide no tener miedo de perderlo. El pasaje no dice que la pérdida vaya a evitarse ni que vaya a doler menos. Desplaza la petición del acontecimiento, que no depende de nosotros, al miedo, que los estoicos sitúan entre nuestros propios juicios (Premeditatio malorum, Meditations, IX, 40).
Por qué esto no es una afirmación positiva
Las afirmaciones para el duelo suelen ser frases pensadas para que una pérdida resulte más llevadera a fuerza de repetirlas. Los pasajes estoicos de arriba no ofrecen nada parecido. Séneca concede que el dolor es inevitable y que él mismo cedió; la Consolación a Marcia discute con una madre en lugar de calmarla; Marco Aurelio cambia el objeto de una oración, no su resultado.
Lo que los textos examinan es el juicio añadido a la pérdida: la creencia de que se respetará el orden de las edades, la idea de que una pena más exhibida prueba un amor mayor, el miedo que se adelanta al acontecimiento. No dicen que el duelo sea un error, y no dicen cuándo termina.
Términos del glosario
- Memento mori — memento mori (latin)
- Premeditatio malorum — praemeditatio malorum (latin)
- Apatheia — ἀπάθεια (apatheia)
En Stoïque, el tema de vida “Duelo” abre los pasajes sobre este asunto, cada uno con su referencia. El tema forma parte de Stoic+.